Es conocido en todo el mundo no solo por la larga lista de galardones que han obtenido sus películas, sino por su visión perspicaz y poética de la sociedad actual.

En 2003 escribió y dirigió Las invasiones bárbaras, que ganó el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, además de ser nominada al Oscar al Mejor Guión Original; ganó tres César, Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión; fue Mejor Guión en el Festival de Cannes; obtuvo numerosos Génie y otros 35 premios en todo el mundo.

En 2000 rodó Stardom, que se proyectó en Cannes fuera de competición y fue seleccionada

por los festivales de Londres, Toronto y Vancouver. En 1996 dirigió “Poverty and Other Delights”, un telefilm que transcurre en el mundo de los sintecho.

En 1995 realizó su primera película en inglés, La verdadera naturaleza del amor.

En 1989 dirigió Jesús de Montreal, ganadora de dos premios en Cannes, 12 Génie y nominada a un Oscar.

En 1987 realizó El declive del imperio americano, que ganó el Premio FIPRESCI de la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, fue nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, obtuvo 9 Génie en Canadá y numerosos premios en festivales internacionales.

Después de rodar dos documentales, realizó su primer largometraje, Dirty Money, en 1971, seleccionado para participar en la Semana de la Crítica en Cannes. En 1973, Réjeanne Padovani participó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes y en el Festival de Nueva York. A continuación dirigió Gina, Comfort and Indifference y Murder in the Family.

Denys Arcand

¿De dónde surgió la idea de LA EDAD DE LA IGNORANCIA?
Debido al éxito de Las invasiones bárbaras, estuve un año viajando por todo el mundo concediendo entrevistas. Duró todo un año, desde Cannes hasta los Oscar del año siguiente. Después de tres meses pensé: “¿Existe alguna persona a la que le gustaría hacer lo que hago ahora?” Empecé a pensar en un tipo que nunca habría salido en la tele, al que nunca le habrían puesto un micrófono delante de la boca, pero que sueña con ser entrevistado, con conocer a estrellas de cine y codearse con la jet set. Así nació Jean-Marc Leblanc.

¿Escribió el papel para Marc Labrèche?
No había trabajado con Marc, pero es un actor cómico muy famoso en Quebec. Habíamos coincidido un día en otro proyecto justo antes de que empezara a escribir este, y me di cuenta de que nos hacían gracia las mismas cosas. También tenía la edad perfecta y ese aspecto anodino ideal para el personaje, pero lo más importante es que estábamos exactamente en la misma onda. Me quedaba solucionar lo más difícil: ¿Cómo iba este hombre anodino a hacer algo con su vida, qué soluciones podía ofrecerle?



Como director, ¿las películas son su forma de ‘criticar’ a la sociedad?

En Hollywood hay un dicho muy bueno: “Si tienes algo que decir, manda un telegrama”. No digo que no tenga nada que decir, pero sobre todo tengo una historia que contar. Desde luego, la historia tiene aspectos simbólicos. No me siento capaz de hacer un drama puro y duro o 90 minutos de comedia. Mis películas siempre fluctúan entre la comedia, la tragedia, el humor, el melodrama. Por eso soy realizador de cine y no activista político. Tiendo a ver los dos lados de una discusión.

La vida de Jean-Marc es aburrida, sin cariño, pero sus sueños están llenos de mujeres que le adoran.
Llenan un enorme vacío emocional y sexual. Todo empieza cuando, estando los dos en la cama, le dice a su mujer: “Me preocupa mi madre”. Ella le contesta: “Bueno”, mientras sigue jugando con la consola Gameboy. Jean-Marc sale al jardín y se va al cobertizo, donde le espera Diane Kruger, que le pregunta: “¿Cómo está tu madre?”. Es lo que quiere oír, pero que nunca oye. Si vas a tener una amante en sueños, mejor que sea Diane Kruger con una copa de champán delante de una chimenea encendida. No hay límites en los sueños.

La película nos presenta nuevos personajes, pero el espíritu es el mismo que en El declive del imperio americano y Las invasiones bárbaras.

Es la última entrega de la trilogía. Después de El declive del imperio americano, de Las invasiones bárbaras, ¿qué queda? Los años oscuros. Tengo la sensación de que vamos hacia una nueva Edad Media. Quería desarrollar ese tema porque la Edad Media representa la guerra contra el islam: los infieles, las cruzadas. Así estamos ahora. También representa el repentino deseo de la mujer de convertirse en inaccesible y tener a los hombres recitándoles poemas.